Queridos amigos, estoy preocupada. Me fui en busca de jamón y llegué a un país donde los camioneros están en huelga porque el combustible les cuesta más que mantener a los reyes y toda su prole. Volví a mi país y, mientras estaba cómodamente recostada en mi cama viendo a los Simpson, apareció la reina Cristina en cadena nacional proclamando improbables redistribuciones de la riqueza y todo terminó en más productores enojados jurando venganza eterna. Y en el medio, mientras estaba en un éxtasis provocado por cantidades obscenas de jamón de jabugo, vino Rioja, pulpo a la gallega, mariscos en todas sus formas, patatas bravas, cerveza, aceitunas, aceite de oliva y gazpacho, recibí una revelación aterradora. Un tal Pablo me mostró qué es lo que le espera no sólo a la Argentina, sino a todo el mundo, si los poderosos no se dejan de joder de una buena vez. Pude fotografiarme a mí misma presenciando ese instante revelador, que aquí comparto con todos ustedes.